24 junio 2011

REGALO TATENGUE


Hoy es 18 de junio del 2011. Acaba de ascender a primera nuestro querido Unión. Poco a poco se van acallando los ecos de una noche que seguramente será inolvidable para todo el pueblo tatengue.
También es el cumpleaños de mi querido abuelo Fernando. El numero 102. Paradojas del destino, que le dicen
Recuerdo como si fuera hoy, cuando de gestas se trata, el último ascenso que le toco vivir. Corría julio de 1989, y en una tarde templada y  fría, el zapatazo de Madelon ponía punto final a una historia tallada de inmortalidad. Yo, purrete en ese entonces, me le escape al viejo de la estoica platea techada que nos cobijaba desde siempre, y logre ingresar al verde césped una vez terminado el partido. La algarabía nos acariciaba el rostro y junto con un amigo dábamos vueltas de carnera sin poder creer, que éramos testigos directos de un momento único e irrepetible.
Desde su fiel butaca numero cinco, “Coco” me miraba incrédulo, como si no supiera que esos momentos quedan grabados eternamente en los corazones. 
Ya en el ascenso del 96 el había partido. Hacia unos  tres años  se había ido  a visitar la verde pradera de la eternidad.  Con su radio portátil marca “Spica” imagino que debe haber escuchado toda la campaña. También las finales con Instituto
Los pibes y Trullet  terminaban de concretar la hazaña en alta córdoba, y allí, con la cara pintada y la emoción a flor de piel (después haber sufrido los embates  del granadero Klimowicz y las inolvidables atajadas de la araña Maciel), me puse a llorar por su ausencia. Luego llego  el ocaso y el descenso del 2003.  Me encontró  en la Madre Patria, exiliado como miles de compatriotas cuya única salida a la crisis era en ese momento, Ezeiza. Ojos que no ven, corazón que no siente, dice el refrán. Y algo de eso hubo.
En este ascenso, hubo sensaciones  ambiguas. Los años, las constantes y  repetidas frustraciones, y alguna mueca de tranquilidad por la positiva racha, hicieron que todo se tornara más o menos por los carriles normales. Confieso que el gol de la Chancha en Comodoro me dio el respiro que necesitaba para llegar tranquilo al 15 de abril el día de su gala.
Y allí, estuvimos todos. Los viejos, los nuevos, los de siempre, los incrédulos y los leales. 
Cuando el flaco Velázquez sentencio la historia con esa definición al palo izquierdo del arquero, mire para arriba y lo encontré. Estaba allí, junto a don Ángel, Súper Manuel y tantos otros.
 Estaba allí, traicionado por alguna que otra lagrima después de semejante regalo…
                                              
                                                                                               Pika Fernandez                                                                                                                            



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